miércoles, 21 de octubre de 2015


EL DÍA DE TODOS LOS MUERTOS




Hoy, 2 de noviembre es un día de fiesta para nosotros. Esta fecha solía ser feriado nacional hasta que la junta militar de la última dictadura la sacó del calendario.
Sacudimos nuestros huesitos y estiramos nuestras mortajas esperando ansiosos la apertura de los 5 accesos de la Chacarita a eso de las 7:30hs.
Es el único día del año en el que nos divertimos jugándole bromas a los visitantes.
Un día como hoy, de cielo despejado y sol radiante, nos visitan muchas personas; mas de las que se acercan en todo un mes. En su mayoría son mujeres mayores, viudas, madres o hermanas, que se encargan de limpiar nuestros recordatorios y cambiar las flores mustias y marchitas.
Ellas pueblan las diferentes callejas y avenidas de esta gran ciudad, con sus peinados endurecidos por el fijador y sus ropas prolijamente planchadas.
Lo primero que hacemos es pasar nuestros dedos espectrales por los rulos endurecidos de esas cabelleras añosas, despeinándolas alocadamente. Ellas le echan la culpa al viento.
También desojamos las flores que nos colocan en los nichos mientras lustran prolijamente las placas de bronce. Deberían ver sus caras de disgusto cuando se enojan con José y con Martita, los puesteros de flores de la entrada al cementerio.
Por supuesto nunca falta el desacatado que susurra secretos al oído. Más de una vez alguna abuela ha dejado su bastón para emprender una fuga veloz.
Para los pocos hombres que concurren a recordar a sus familiares les reservamos el ruido de cadenas y el sonido de tambores lejanos. Ellos sacuden sus cabezas pensando que son acufenos pero somos nosotros que tamborileamos sobre nuestros cráneos y sacudimos unas maracas que fabricamos con los candados que robamos de los panteones.
El cementerio encierra toda clase de mitos y secretos que siempre giran en torno a las ánimas en pena. Pero no se trata de pena sino de aburrimiento.
Solo nosotros sabemos las cosas que hacemos para pasar el tiempo eterno de la muerte lo más divertido posible.
Cuando llegan las 5 de la tarde ya no quedan visitantes en la necrópolis y todos retornamos a nuestras sepulturas hasta el próximo año.


LG

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